Las fases del sueño y el momento en que soñamos
Dormir no es apagarse: es un viaje con etapas. Conocerlas ayuda a descansar mejor y a entender cuándo nacen los sueños.
Dormir se parece menos a apagar una lámpara y más a bajar una escalera. Primero viene el sueño ligero, ese en el que un ruido cualquiera nos devuelve a la superficie. Después, el sueño profundo, cuando el cuerpo repara tejidos, ordena defensas y guarda energía. Y varias veces por noche llega la fase REM, la etapa de los ojos que se mueven rápido: ahí ocurren los sueños más vívidos.
El ciclo completo dura alrededor de noventa minutos y se repite cuatro o cinco veces por noche. Por eso los sueños que recordamos suelen ser los de la madrugada: son los últimos de la serie y los más largos.
Con los años, la arquitectura del dormir cambia. Las personas mayores tienen el sueño más ligero y fragmentado, se despiertan más veces y por eso, curiosamente, a menudo recuerdan mejor sus sueños. No es una falla: es una etapa distinta del descanso, que agradece rutinas suaves, horarios regulares y una cena ligera.
Un dato que tranquiliza: soñar mucho no significa dormir mal. Al contrario, una noche rica en sueños suele indicar que las fases se están cumpliendo completas.